Una herida de hace 75.000 años podría ser la primera evidencia de un neandertal muerto por una lanza de madera
Un estudio publicado en la revista Scientific Reports analiza los restos de un neandertal descubierto en la cueva de Shanidar, en el Kurdistán iraquí, que presenta una perforación en la escápula compatible con el impacto de una lanza de madera
La investigación, liderada por la Universidad de Cambridge y con la participación del IPHES-CERCA, también revela que el individuo sobrevivió durante al menos un año a una grave lesión facial, lo que sugiere que pudo haber recibido cuidados de otros miemb
Hace aproximadamente 75.000 años, un neandertal que habitaba las montañas del actual Kurdistán iraquí sufrió una herida que podría haberle causado la muerte. El análisis de sus restos, recuperados en la cueva de Shanidar, ha revelado una perforación de 15 milímetros de diámetro en la escápula izquierda, compatible con el impacto de una lanza de madera. El hallazgo podría constituir una de las evidencias más antiguas de una muerte provocada por este tipo de arma en el registro fósil humano.
Pero la historia de este individuo no termina aquí. Sus restos también revelan que había sobrevivido durante al menos un año a una grave lesión facial, posiblemente gracias a los cuidados de otros miembros del grupo. El estudio aporta así nuevas pistas sobre el uso de armas de madera, las relaciones sociales y el comportamiento funerario de los neandertales.
El estudio, publicado en la revista científica Scientific Reports, está liderado por la Dra. Emma Pomeroy, profesora de la Universidad de Cambridge, en el marco de las excavaciones en la cueva de Shanidar dirigidas por el profesor Graeme Barker, de la misma universidad. Entre los coautores figura la Dra. Lucía López-Polín, investigadora del IPHES-CERCA, que ha participado en los trabajos de conservación, restauración y reconstrucción de los restos neandertales recuperados en el yacimiento, en el marco de una colaboración científica continuada con Cambridge.
Los restos corresponden a un individuo identificado como Shanidar A, un neandertal adulto de unos 45 años, del que se han conservado algunos huesos de la mano derecha, varias costillas, una escápula y siete dientes. A pesar de la fragmentación del conjunto, su estudio ha permitido reconstruir algunos episodios significativos de su vida y las circunstancias que podrían haber provocado su muerte.
Una perforación compatible con una lanza de madera
Uno de los hallazgos más destacados es una perforación casi circular, de unos 15 milímetros de diámetro, en la escápula izquierda. El hueso, excepcionalmente bien conservado pese a su fragilidad, presenta varias fracturas radiales alrededor del orificio y pequeños fragmentos óseos desplazados que han permitido estudiar las características del impacto.
El estudio de estos restos ha requerido un minucioso trabajo de conservación y reconstrucción, especialmente complejo por la fragilidad de los huesos y su estado de fragmentación. La Dra. Lucía López-Polín, investigadora del IPHES-CERCA y coautora del estudio, ha participado en estos trabajos en el marco de su colaboración con la Universidad de Cambridge.
“Detrás de descubrimientos como este hay un trabajo de restauración muy minucioso. Hablamos de restos de hace 75.000 años, extraordinariamente frágiles, que hay que conservar, estudiar y reconstruir con mucha precisión. Cada fragmento puede aportar información importante y, a veces, un detalle aparentemente pequeño puede ser fundamental para entender qué le ocurrió a un individuo“, explica López-Polín.
Los análisis indican que la lesión se produjo en torno al momento de la muerte y que su morfología es compatible con el impacto de una lanza de madera afilada. Según el equipo investigador, el arma habría penetrado por la parte anterior del tórax, atravesando la cavidad torácica antes de perforar la escápula izquierda. Esta trayectoria podría haber afectado al pulmón y a grandes vasos sanguíneos, provocando una muerte rápida.
“Es extraordinario haber recuperado una escápula tan bien conservada de hace 75.000 años. Estos huesos son tan finos que a menudo ni siquiera se conservan completos en enterramientos modernos“, explica Emma Pomeroy, autora principal del estudio.
La morfología de la perforación es muy similar a las marcas producidas experimentalmente con reproducciones de lanzas de madera prehistóricas, una coincidencia que refuerza esta interpretación.
Sin embargo, no es posible determinar con certeza las circunstancias de la herida. Podría haber sido consecuencia de un accidente de caza, pero su posición y la fuerza necesaria para atravesar el cuerpo también son compatibles con un episodio de violencia interpersonal. Las investigaciones tampoco permiten determinar si podrían haber estado implicados humanos modernos.
El profesor Graeme Barker, director de las excavaciones en Shanidar, recuerda que las evidencias de violencia sistemática son extraordinariamente escasas en la prehistoria más antigua y que la mayoría de los testimonios conocidos corresponden a sociedades agrícolas muy posteriores.
Una grave lesión facial a la que sobrevivió durante al menos un año
Más allá de la posible causa de su muerte, los restos de Shanidar A también han permitido identificar un episodio traumático muy anterior. El individuo había sufrido una grave lesión facial a la que logró sobrevivir durante un periodo prolongado.
Uno de los incisivos inferiores presentaba una fractura longitudinal que había provocado la pérdida de aproximadamente la mitad del diente, mientras que otras piezas dentales mostraban desplazamientos y un desgaste muy acusado. La acumulación de cálculo dental sobre las superficies expuestas del diente fracturado indica que el individuo siguió viviendo después del traumatismo durante un periodo que podría haber sido de al menos un año.
La gravedad de la lesión habría dificultado considerablemente actividades cotidianas como comer y comunicarse, lo que sugiere que podría haber necesitado la ayuda de otros miembros del grupo para sobrevivir.
“Sobrevivir a un golpe capaz de fracturar un diente de esta manera y seguir viviendo y alimentándose durante al menos un año, o quizá más, habría requerido cuidados y apoyo de otros neandertales“, explica Pomeroy.
La investigadora plantea que Shanidar A podría haber recibido alimentos blandos o preparados especialmente para facilitar su ingesta. De hecho, investigaciones anteriores en la misma cueva han documentado prácticas de preparación de alimentos vegetales que podrían haber contribuido a estos cuidados.
Estas evidencias se suman a otros casos documentados en Shanidar, como el de un neandertal que sobrevivió durante años con un brazo paralizado, artritis, sordera y ceguera parcial. En conjunto, estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que la atención a los miembros más vulnerables formaba parte de las relaciones sociales neandertales.
“Los restos de Shanidar A reflejan dos dimensiones de muchos comportamientos que reconocemos como humanos. Por un lado, tenemos evidencias de un final terriblemente violento. Por otro, este era claramente un individuo que había recibido cuidados durante su vida“, destaca Pomeroy.
La madera, una tecnología fundamental pero casi invisible
La posible identificación de una herida provocada por una lanza de madera también aporta información sobre la tecnología neandertal. A diferencia de las herramientas de piedra, los objetos fabricados con materiales orgánicos rara vez se conservan en el registro arqueológico, lo que dificulta conocer el alcance real de su utilización.
Diversos hallazgos europeos, como las lanzas de Schöningen, en Alemania, de unos 200.000 años de antigüedad, o la punta de madera de más de 400.000 años recuperada en Clacton-on-Sea, en el Reino Unido, demuestran que la fabricación de armas de madera se remonta a cientos de miles de años.
En este contexto, un estudio reciente liderado por el IPHES-CERCA y publicado en la revista Science Advances ha documentado 597 restos e improntas de madera en el yacimiento del Abric Romaní (Capellades, Barcelona), asociados a ocupaciones neandertales de entre 62.000 y 40.000 años de antigüedad. Entre estas evidencias se han identificado herramientas, armas y elementos relacionados con la construcción y la organización de los espacios domésticos, que ponen de manifiesto la importancia de la madera en la vida cotidiana de los neandertales.
La posible herida de Shanidar A ofrece así una perspectiva complementaria sobre el uso de este material, ya que permite estudiar sus consecuencias sobre el cuerpo humano incluso en ausencia del arma que la habría provocado.
Shanidar, un yacimiento clave para comprender el comportamiento funerario neandertal.
La cueva de Shanidar es uno de los yacimientos más emblemáticos para el estudio de los neandertales. Las excavaciones dirigidas por Ralph Solecki durante las décadas de 1950 y 1960 permitieron recuperar los restos de varios individuos y abrieron un intenso debate sobre la existencia de prácticas funerarias intencionadas.
Las nuevas excavaciones, iniciadas en 2015 bajo la dirección de la Universidad de Cambridge, han permitido identificar nuevos individuos y documentar la deposición de al menos cinco neandertales (cuatro adultos y un niño) en un espacio muy reducido. Los restos, separados por finas capas de sedimentos, sugieren que los cuerpos fueron depositados en momentos diferentes y que los neandertales podrían haber regresado repetidamente al mismo lugar para depositar allí a sus muertos.
“La mejor explicación es que se trata de un comportamiento funerario intencionado y simbólico. Estos neandertales volvían al mismo lugar para depositar allí a sus muertos“, explica Pomeroy.
El caso de Shanidar A reúne, en un mismo individuo, indicios de una posible muerte violenta, la supervivencia a una lesión grave y la deposición del cuerpo en un espacio utilizado repetidamente con fines funerarios. Un conjunto de evidencias que aporta nuevas pistas sobre la vida, la muerte y las relaciones sociales de las poblaciones neandertales.
Referencia bibliográfica
Pomeroy, E., Hunt, C. O., López-Polín, L., Sala, N., Pantoja Pérez, A., Holman, J., Twyman, J., Bennett, P., Reynolds, T., Lane, R., Pirrie, D., & Barker, G. (2026). Evidence for funerary behaviour and lethal trauma in a new Neanderthal individual from Shanidar Cave. Scientific Reports, 16, 30042. DOI: 10.1038/s41598-026-69193-z

