El estrato Aurora pone al descubierto una población mucho más completa de Homo antecessor y confirma que el canibalismo también afectaba a los adultos
Se han recuperado 24 nuevos fósiles humanos atribuidos a Homo antecesor y el conjunto eleva hasta entre 13 y 15 el número mínimo de individuos identificados, de los que hasta seis podrían ser adultos
Las nuevas evidencias permiten reconstruir una población mucho más representativa y profundizar en el conocimiento de la biología y el comportamiento de los primeros pobladores de Europa hace 850.000 años
Treinta años después de que el descubrimiento de Homo antecessor revolucionara el conocimiento sobre los primeros pobladores de Europa, el estrato Aurora (TD6.2) de Gran Dolina continúa ofreciendo descubrimientos que transforman la visión sobre esta especie. La campaña de excavación de 2026 ha recuperado al menos 24 nuevos fósiles humanos atribuidos a Homo antecessor, un conjunto excepcional que no solo amplía la colección paleoantropológica más importante del Pleistoceno inferior europeo, sino que permite reconstruir una población mucho más representativa que la conocida hasta ahora.
Entre los nuevos restos destaca el importante aumento de individuos adultos, muchos de los cuales conservan marcas de corte producidas durante el procesamiento de los cuerpos. Estas nuevas evidencias confirman que las prácticas de canibalismo documentadas en Gran Dolina también afectaban a los adultos y amplían el conocimiento sobre el comportamiento de una de las especies humanas más relevantes para comprender los orígenes del poblamiento europeo.
Los nuevos hallazgos elevan hasta entre 13 y 15 el número mínimo de individuos identificados en el nivel TD6.2 y, sobre todo, confirman la presencia de al menos seis individuos adultos, una franja de edad que hasta ahora estaba claramente infrarrepresentada. Este cambio permite comenzar a reconstruir una población mucho más completa y ofrece nuevas oportunidades para estudiar la biología, el desarrollo, las relaciones sociales y el comportamiento de Homo antecessor hace aproximadamente 850.000 años.
La campaña ha supuesto la reanudación de los trabajos en el estrato Aurora, el mismo nivel en el que, a mediados de la década de 1990, se descubrieron los primeros restos atribuidos a esta especie. Aunque este año solo se ha intervenido en una parte del tramo superior del nivel, los primeros días de excavación ya pusieron de manifiesto el enorme potencial científico del depósito con la recuperación de cuatro fósiles humanos en muy poco tiempo, una expectativa que se ha confirmado a lo largo de toda la campaña.
Entre los restos recuperados destacan un fragmento del hueso temporal del cráneo, varias vértebras cervicales y lumbares, falanges de manos y pies, tres dientes y diversos huesos largos, entre ellos el primer cúbito recuperado en el yacimiento, así como fragmentos de tibia, fémur y húmero. Aunque la mayoría de los fósiles son muy fragmentarios, cada uno de ellos contribuye a completar el conocimiento anatómico de una especie que sigue siendo una de las más desconocidas del Pleistoceno inferior europeo.
Según Andreu Ollé, codirector del Proyecto Atapuerca e investigador del IPHES-CERCA, “cada nueva campaña nos ayuda a completar un puzle que todavía tiene muchas piezas por descubrir. El aumento del número de individuos y, especialmente, la incorporación de más adultos nos permite empezar a entender esta población con una perspectiva mucho más completa que hasta ahora. Por primera vez podemos aproximarnos a su estructura demográfica con una representatividad de la que hasta ahora carecíamos.”
El canibalismo también afectaba a los adultos
Una de las principales aportaciones de la campaña es el importante incremento del número de individuos adultos documentados. Si hasta ahora el conjunto de Homo antecessor estaba formado mayoritariamente por restos infantiles y juveniles, los nuevos hallazgos permiten reconstruir una población mucho más equilibrada y representativa desde el punto de vista demográfico.
Muchos de los restos recuperados presentan marcas de corte producidas durante el procesamiento de los cuerpos, nuevas evidencias de las prácticas de canibalismo documentadas en Gran Dolina desde hace casi tres décadas. Estas marcas se han identificado tanto en restos infantiles como en varios individuos adultos, lo que confirma que este comportamiento no se limitaba a los individuos más jóvenes y amplía el conocimiento sobre esta práctica entre las poblaciones de Homo antecessor.
Para Palmira Saladié, investigadora del IPHES-CERCA y coordinadora de los trabajos en TD6, este cambio representa un punto de inflexión en el estudio del yacimiento, “hasta ahora disponíamos principalmente de restos infantiles y juveniles, lo que condicionaba la interpretación del conjunto. La aparición de un mayor número de individuos adultos, algunos de los cuales también presentan marcas de corte, nos permite demostrar que el canibalismo no afectaba exclusivamente a los más jóvenes. Pero, sobre todo, nos proporciona una población mucho más representativa para comprender la biología, la demografía y el comportamiento de Homo antecessor”.
Los estudios tafonómicos y paleoantropológicos que ahora se inician permitirán analizar con detalle estos nuevos restos y profundizar en cuestiones que hasta ahora eran difíciles de abordar, como las posibles diferencias en el tratamiento de los individuos según la edad, la dinámica de los episodios de canibalismo o la organización de los grupos humanos que ocuparon Gran Dolina hace aproximadamente 850.000 años.
Reconstruyendo un espacio de ocupación de hace 850.000 años
Junto a los restos humanos, la campaña ha recuperado una abundante colección de herramientas de piedra elaboradas sobre sílex, cuarcita, arenisca y cuarzo, así como numerosos restos de fauna correspondientes a hienas, castores, ciervos, bóvidos, caballos y rinocerontes.
Este conjunto permite reconstruir con un nivel de detalle excepcional las actividades desarrolladas por los grupos humanos que ocuparon este espacio y el paisaje en el que vivían. La combinación de las herramientas líticas, los restos de fauna y los fósiles humanos convierte al estrato Aurora en uno de los mejores registros arqueológicos de Europa para comprender las formas de vida de los primeros pobladores del continente.
Según Andreu Ollé, "el interés de Gran Dolina va mucho más allá de los fósiles humanos. La relación entre las herramientas de piedra, los restos de fauna y los huesos de Homo antecesor nos permite reconstruir un espacio de ocupación de hace 850.000 años con un nivel de detalle extraordinario”.
Un yacimiento que sigue transformando el conocimiento sobre los primeros europeos
Para Marina Mosquera, directora del IPHES-CERCA y codirectora del Proyecto Atapuerca, los resultados de esta campaña demuestran que el estrato Aurora sigue siendo uno de los grandes referentes internacionales para el estudio de la evolución humana “hace treinta años, los primeros restos de Homo antecessor cambiaron nuestra forma de entender a los primeros pobladores de Europa. Hoy, el estrato Aurora continúa ofreciendo descubrimientos de primer nivel que amplían ese conocimiento y nos permiten reconstruir esta población con un nivel de detalle impensable hace solo unos años. Apenas hemos comenzado a intervenir esta nueva superficie de excavación y los primeros resultados ya demuestran su enorme potencial científico.”
Los resultados obtenidos durante la campaña de 2026 representan solo el inicio de una nueva etapa de investigación en Gran Dolina. La apertura de esta nueva superficie de excavación ya ha ampliado de forma significativa el número de fósiles humanos recuperados y la representatividad de la población de Homo antecessor, lo que abre nuevas perspectivas para comprender la biología, la variabilidad anatómica y el comportamiento de los primeros pobladores del continente europeo.
Las próximas campañas serán determinantes para seguir ampliando esta colección excepcional y profundizar en aspectos clave como la estructura demográfica de la población, las estrategias de subsistencia, las relaciones sociales y el papel que pudo desempeñar el canibalismo entre estos grupos humanos hace aproximadamente 850.000 años.






