Asar tortugas al fuego reducía drásticamente el esfuerzo y el tiempo de procesamiento hace decenas de miles de años
Un estudio experimental publicado en Scientific Reports, con participación del IPHES-CERCA, muestra que la cocción permitía procesarlas hasta siete veces más rápido y facilitaba la tarea a personas no expertas
Las comunidades humanas prehistóricas que consumían tortugas no sólo aprovechaban una presa relativamente fácil de capturar: cocinarlas al fuego les permitía optimizar el trabajo y reducir drásticamente el tiempo necesario para obtener su carne. Asarlas directamente sobre las brasas podía convertir una tarea larga y exigente en un proceso rápido y mucho más accesible.
Esta es la principal conclusión de un estudio experimental publicado en la revista Scientific Reports, liderado por la Dra. Mariana Nabais, investigadora del Centro de Arqueologia da Universidade de Lisboa-UNIARQ, y con la participación de la Dra. Ruth Blasco, investigadora del IPHES-CERCA y la Dra. Anna Rufà, investigadora del Interdisciplinary Center for Archaeology and the Evolution of Human Behaviour- ICArEHB de la Universidade do Algarve. La investigación ha analizado de manera controlada las diferencias entre el procesamiento de tortugas crudas y asadas, tanto en lo que respecta al tiempo y el esfuerzo requeridos como a las marcas que estas actividades dejan en los huesos.
Los resultados son contundentes: mientras que procesar una tortuga en crudo podía requerir entre 9 y 49 minutos, cuando estaba asada el tiempo se reducía a tan solo 5–7 minutos. Además, en crudo la eficiencia depende mucho más de la habilidad y la experiencia de cada persona, mientras que la cocción hace que el procedimiento sea más rápido y uniforme. Esta diferencia no es anecdótica: refuerza el papel del fuego como una tecnología decisiva para optimizar tareas, facilitar la cooperación y transformar la organización de las actividades cotidianas en los primeros grupos humanos, más allá de su uso como fuente de calor o protección.
Menos fuerza y menos habilidad para acceder a la carne
El estudio consiste en testar el procesado de tortugas por parte de experimentadores expertos y no expertos, y compara cómo varía el procesamiento según si la tortuga se trabaja en crudo o después de asarla entera sobre las brasas. En crudo, la tarea implica separar el caparazón y el plastrón, desarticular extremidades y extraer los tejidos mediante una combinación de corte y percusión. Se trata de un proceso físicamente exigente y técnicamente más complejo.
En cambio, con la cocción, el calor hace que el caparazón y el plastrón sean más frágiles, ablanda los tejidos y facilita la separación de partes anatómicas, lo que simplifica el trabajo y reduce la necesidad de aplicar fuerza. En algunos casos, el procesamiento de tortugas crudas llegó a provocar fracturas en las herramientas líticas utilizadas, un problema que prácticamente desaparece cuando los ejemplares han sido cocinados.
Uno de los aspectos más relevantes es que el asado reduce la dependencia de la experiencia. En crudo, las personas expertas resolvían mejor algunas fases del proceso, mientras que con los ejemplares cocinados las diferencias entre participantes expertos y no expertos se reducían notablemente. Este resultado sugiere que la cocción podía facilitar que más individuos participaran en la preparación de alimentos, con posibles implicaciones sobre la organización del trabajo y la transmisión de habilidades dentro del grupo.
Marcas en los huesos: una huella coherente con el registro arqueológico
Además de medir el tiempo y el esfuerzo, la investigación ha analizado las marcas que deja el procesamiento en los huesos y en las placas del caparazón. Los ejemplares manipulados en crudo presentan más marcas de corte y evidencias de percusión, mientras que los ejemplares asados muestran sobre todo señales de combustión, así como un conjunto diferente de trazas derivadas de un procesamiento menos agresivo.
Este patrón encaja con lo que se observa en numerosos yacimientos paleolíticos, especialmente del Mediterráneo, donde los restos de tortuga aparecen a menudo asociados a hogares, con evidencias de exposición al fuego y una presencia reducida de marcas de corte. Esto refuerza la interpretación de que asar tortugas pudo ser una práctica recurrente y culturalmente transmitida, y no un comportamiento ocasional.
El fuego como motor de innovación y cambio social
Las conclusiones del trabajo aportan una mirada renovada sobre el impacto del fuego en la historia humana. Más allá de cocinar para mejorar el sabor o la digestibilidad, esta tecnología permitía reducir costes energéticos, simplificar tareas y hacer más eficiente la gestión del tiempo en actividades cotidianas.
En este sentido, los autores señalan que la cocción de tortugas puede ser una ventana privilegiada para entender cómo innovaciones aparentemente sencillas influyen en el comportamiento: cocinar ayudaba a transformar el aprovechamiento de recursos y podría tener implicaciones directas sobre la cooperación, la planificación y la distribución de tareas dentro de los grupos humanos.
Referencia del estudio
Nabais, M. et al. (2026). Experimental analysis of roasted and raw turtle butchery and implications for early human cognition and behaviour. Scientific Reports. DOI: 10.1038/s41598-025-31738-z
