Cuando el desierto no conserva: un estudio pone al descubierto por qué desaparecen los huesos de los primeros cazadores de los Andes
Un estudio liderado por el IPHES-CERCA y publicado en Environmental Archaeology demuestra que incluso los desiertos más extremos pueden destruir por completo las evidencias óseas, obligando a replantear la interpretación de numerosos yacimientos de cazado
Un equipo de investigación liderado por el IPHES-CERCA ha demostrado que la ausencia de restos óseos en muchos yacimientos del Pleistoceno final de los Andes no implica necesariamente una falta de actividad humana ni de explotación de fauna. Por el contrario, incluso en ambientes hiperaridos como el desierto de Atacama, los huesos pueden degradarse hasta desaparecer completamente como resultado de procesos microscópicos extremadamente activos.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado recientemente en la revista Environmental Archaeology, que aporta nuevas claves para resolver uno de los grandes enigmas de la arqueología andina: por qué muchos yacimientos de alta montaña, ricos en herramientas líticas asociadas a la caza, apenas conservan restos de animales.
La investigación ha sido liderada por Sebastián Yrarrázaval, con la participación de Isabel Cáceres y Boris Santander, investigadores del IPHES-CERCA, así como especialistas de diversas instituciones de Chile. El estudio se centra en la Puna de Atacama, una región situada a más de 3.000 metros de altitud donde se conocen numerosos asentamientos de cazadores-recolectores de entre 12.000 y 10.000 años de antigüedad, caracterizados por una gran abundancia de puntas de proyectil y herramientas relacionadas con el procesado de fauna, pero con una presencia casi testimonial de restos óseos.
El mito del desierto como espacio de conservación “perfecta”
Tradicionalmente, los desiertos hiperaridos se han considerado entornos ideales para la conservación de materiales orgánicos. Sin embargo, los resultados de este estudio cuestionan esta idea ampliamente aceptada. A través de una aproximación actualista, el equipo ha analizado huesos modernos de camélidos y otros animales procedentes de dos ambientes muy próximos pero ecológicamente contrastados: los salares hipersalinos de Punta Negra y los sistemas de quebradas de alta montaña del Parque Nacional Llullaillaco.
Mediante análisis histológicos (es decir, del estudio de la estructura microscópica del tejido óseo), el equipo investigador ha identificado procesos de bioerosión bacteriana, microfracturación asociada a la desecación y alteraciones provocadas por la cristalización de sales. Estos procesos pueden desestabilizar progresivamente el hueso hasta hacerlo desaparecer del registro arqueológico.
“Nuetros resultados muestran que la aridez extrema no garantiza una buena conservación de los huesos”, explica Sebastián Yrarrázaval, autor principal del estudio. “En determinados contextos, especialmente en los entornos salinos, los procesos diagenéticos pueden ser tan intensos que acaban destruyendo por completo el registro faunístico”.
Dos paisajes, dos trayectorias tafonómicas
El estudio pone de manifiesto claras diferencias entre los dos entornos analizados. En las quebradas de alta montaña, donde existen cursos de agua permanentes y una mayor actividad biológica, los huesos muestran una mejor preservación microscópica. No obstante, también presentan una mayor probabilidad de dispersión como consecuencia de la acción de carroñeros y otros procesos naturales.
En cambio, en los salares de Punta Negra, caracterizados por una fuerte insolación, grandes oscilaciones térmicas y suelos hipersalinos, los huesos sufren una combinación especialmente destructiva de degradación bacteriana temprana y fracturación posterior. Esta secuencia puede conducir a la desaparición total de las evidencias óseas a escala arqueológica.
Según los autores, este mecanismo podría explicar por qué muchos yacimientos de superficie de la Puna de Atacama, a pesar de evidenciar claramente actividades de caza, prácticamente no conservan restos de animales.
Reinterpretar la ausencia de huesos en el registro arqueológico
Los resultados tienen implicaciones directas para la interpretación de los primeros asentamientos humanos en las tierras altas andinas y en otros desiertos del mundo. El estudio advierte de que la ausencia de restos óseos no puede interpretarse automáticamente como una ausencia de explotación de recursos animales, sino que es imprescindible tener en cuenta los procesos tafonómicos y diagenéticos que pueden haber eliminado este registro.
“Este trabajo demuestra la importancia de integrar estudios tafonómicos e histológicos para comprender qué ha desaparecido del registro arqueológico y por qué”, señala Isabel Cáceres, investigadora del IPHES-CERCA y coautora del artículo. “Solo así podemos reconstruir con mayor precisión las estrategias de subsistencia de las primeras poblaciones humanas”.
El estudio constituye una de las primeras aproximaciones sistemáticas a la histotafonomía en desiertos de alta montaña y abre la puerta a futuras investigaciones experimentales para comprender mejor cómo interactúan el clima, los microorganismos y los procesos físicos en la destrucción del registro óseo.
Cita bibliográfica
Yrarrázaval, S., Cartajena, I., Santander, B., Huerta, V., De Souza, P., & Cáceres, I. (2025). Actualistic Taphonomy at the Puna of Atacama: Microregional Histotaphonomic Comparisons in Highland Andean Basins (24,5°S). Environmental Archaeology, 1–19.
https://doi.org/10.1080/14614103.2025.2607176


