El Tut de Fustanyà confirma ocupaciones humanas de hace más de 40.000 años en las cabeceras del Ripollès
El hallazgo de un hogar y una punta de proyectil de sílex aporta las primeras evidencias directas de presencia humana en una cueva que conserva uno de los registros paleontológicos más importantes de la alta montaña pirenaica
La campaña arqueológica desarrollada este mes de junio en el Tut de Fustanyà, en el municipio de Queralbs (Ripollès), ha permitido documentar las primeras evidencias directas de ocupación humana en esta cavidad de alta montaña. El hallazgo de un pequeño hogar y de una punta de proyectil elaborada en sílex confirma la presencia de grupos humanos en este sector de los Pirineos orientales durante los últimos momentos del Pleistoceno.
Los trabajos forman parte del proyecto de investigación Raíces prehistóricas de la trashumancia en el Alt Ripollès: Proyecto arqueológico 2026-2029, dirigido por Carlos Tornero, investigador adscrito al IPHES-CERCA y catedrático de la Universitat Autònoma de Barcelona. El objetivo del proyecto es reconstruir la ocupación humana de las cabeceras del Freser desde la prehistoria hasta los inicios de las prácticas ganaderas de alta montaña.
Una ventana a los primeros pobladores de la alta montaña pirenaica
El Tut de Fustanyà es una cavidad conocida desde hace décadas, pero hasta ahora se consideraba fuertemente afectada por el expolio y la extracción ilegal de materiales arqueológicos. A pesar de esta situación, las excavaciones han identificado sectores que conservan niveles arqueológicos intactos.
El hallazgo más destacado de la campaña es la identificación de un pequeño hogar asociado a una punta de proyectil de sílex, una pieza característica de las tecnologías líticas documentadas durante los últimos momentos del Paleolítico medio y las primeras fases del Paleolítico superior. Las primeras estimaciones sitúan esta ocupación entre hace aproximadamente 42.000 y 39.000 años, un periodo especialmente relevante porque coincide con los últimos grupos neandertales y la llegada de los primeros Homo sapiens al continente europeo.
Estas evidencias convierten al yacimiento en un punto de referencia para estudiar las ocupaciones humanas más antiguas conocidas hasta ahora en las cabeceras del Ripollès y aportan nuevos datos sobre la presencia humana en entornos de alta montaña durante un periodo clave de la prehistoria europea.
Un yacimiento excepcional para reconstruir los ecosistemas del Pleistoceno
Más allá de las evidencias arqueológicas, el Tut de Fustanyà destaca por la riqueza de su registro paleontológico. Las excavaciones han recuperado numerosos restos de especies actualmente extinguidas o ausentes del territorio, como el oso de las cavernas, la hiena, el caballo y, especialmente, el leopardo de las montañas.
La abundante presencia de este gran felino, muy poco habitual en los registros fósiles europeos, sugiere que la cavidad pudo haber funcionado como refugio o lugar de reproducción para esta especie durante los periodos más fríos del Pleistoceno. Este conjunto faunístico ofrece una oportunidad excepcional para reconstruir los paisajes y las condiciones ambientales que caracterizaban los Pirineos orientales durante las últimas glaciaciones.
Una pieza clave del proyecto Arrels
Los resultados obtenidos este año refuerzan el potencial científico del Tut de Fustanyà y consolidan su papel dentro del proyecto Arrels, una iniciativa destinada a reconstruir de manera integral la historia de la ocupación humana en las cabeceras del Freser.
La combinación de evidencias arqueológicas, paleontológicas y paleoambientales permitirá profundizar en el conocimiento de las primeras ocupaciones humanas de este territorio y comprender mejor las estrategias de adaptación desarrolladas por los grupos humanos en los entornos de alta montaña de los Pirineos.
Financiación
La intervención arqueológica en el Tut de Fustanyà se enmarca en el proyecto cuatrienal de investigación Arrels prehistòriques de la transhumància a l’Alt Ripollès: Projecte arqueològic 2026-2029 (ARQ001SOLC-294-2025), aprobado por el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya.
Los trabajos cuentan con la financiación del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, el Ajuntament de Queralbs, el Parc Natural de les Capçaleres dels rius Ter i Freser y la Universitat Autònoma de Barcelona.
